Consejos para citas / Primeras citas
De qué hablar en una primera cita: preguntas que no parezcan un interrogatorio
¿Te da miedo quedarte sin tema de conversación? Cómo prepararte sin guion, preguntas que animan a hablar, temas para más adelante y qué hacer ante un silencio.
Casi todos los nervios antes de una primera cita se reducen a una sola preocupación: ¿y si nos quedamos sin nada que decir? La buena noticia es que no necesitas un guion. Con unas cuantas buenas preguntas, curiosidad de verdad y la calma suficiente para que una pausa sea solo eso, una pausa, casi cualquier conversación sale adelante.
Antes de ir, repasa lo que ya sabes
No vas a encontrarte con alguien totalmente desconocido: ya has chateado con esa persona y has visto su perfil. Antes de la cita, dedica dos minutos a releer la conversación y elige dos o tres hilos que retomar:
- un viaje que mencionó, un trabajo nuevo, una mascota, un pasatiempo que acaba de empezar;
- una historia que te prometió contar “en persona”;
- algo que hizo reír a ambos lados de la pantalla.
“¿Qué tal van las clases de salsa? ¿Ya has ido a la segunda?” es un comienzo perfecto. Demuestra que has prestado atención y es fácil de responder.
En YADate, mira también la sección “Preguntas” de su perfil. Las respuestas marcadas con “Igual que tú” son temas listos para usar, y las insignias bajo “Sobre mí” (si le gusta madrugar o trasnochar, qué opina de los viajes o de los animales) a menudo dan pie a una buena historia.
Empieza por algo ligero
Los primeros diez o quince minutos sirven para entrar en ambiente. Nadie espera reflexiones profundas mientras todavía estás eligiendo qué pedir. Lo que mejor funciona son las preguntas sencillas:
- “¿Vienes directamente del trabajo? ¿Qué tal el día?”
- “¿Sueles venir por aquí? ¿Qué me recomiendas?”
- “¿Qué tal el camino? ¿Había tanto tráfico como siempre?”
No hace falta que estas preguntas sean fascinantes. Sirven para que los nervios bajen y para irse acostumbrando a la voz de la otra persona.
Preguntas que animan a hablar
El truco está en hacer preguntas abiertas, de las que no se responden con un “sí” o un “no”. “¿Te gusta tu trabajo?” se acaba en una palabra. “¿Qué echarías de menos de tu trabajo si lo dejaras mañana?” abre la puerta a una historia.
Aquí tienes algunas ideas, de las más sencillas a las más personales. No necesitas todas: con dos o tres suele bastar para que la conversación arranque.
Del día a día
- ¿Cómo es para ti un fin de semana realmente bueno?
- ¿A qué rincón de la ciudad llevarías a alguien que viene de visita por primera vez?
- ¿Hay algo que estés esperando con ganas estos días?
Intereses
- ¿Cómo empezaste con [su afición]? ¿Te acuerdas del momento en que te enganchó?
- ¿Cuál es el último libro, serie o proyecto que te atrapó por completo?
- ¿Hay algo que siempre hayas querido aprender y para lo que nunca encuentras el momento?
Historias
- ¿Cuál es el mejor viaje que has hecho? ¿Qué lo hizo tan especial?
- ¿Qué soñabas con ser en tu infancia?
- ¿Qué pequeña cosa consigue siempre alegrarte el día?
Un poco más a fondo, si la conversación fluye
- ¿Qué es lo que más valoras en las personas con las que pasas tu tiempo?
- ¿En qué has cambiado de opinión en los últimos años?
- ¿Qué te gustaría que te trajera el próximo año?
La segunda pregunta importa más que la primera
El secreto de una conversación fluida no está en una larga lista de preguntas, sino en la pregunta que viene después. Cuando la otra persona responda, recoge un detalle: “Espera, ¿ese viaje lo hiciste por tu cuenta? ¿Y qué tal fue?”. Una pregunta así demuestra que escuchas de verdad y no que solo esperas tu turno para hablar.
Cuenta también cosas de ti. Una buena regla práctica: si notas que llevas tres preguntas seguidas, cuenta una breve historia tuya. Una cita es una conversación, no una entrevista de trabajo, y la otra persona también quiere conocerte.
Temas que mejor dejar para más adelante
Ninguno está prohibido. Simplemente es más fácil hablar de ellos cuando ya conoces un poco a la otra persona:
- Las exparejas, con todo detalle. Si te preguntan, basta con una respuesta breve y tranquila: “Mi matrimonio duró ocho años y terminamos en buenos términos”.
- El dinero y los sueldos. Contar en qué te gusta gastar está bien; las preguntas sobre ingresos no son tema de primera cita.
- Los debates acalorados. Si la política o la religión son importantes para ti, puedes preguntar qué es importante para la otra persona sin intentar ganar una discusión.
- Los problemas de salud y los conflictos familiares. Guárdalos para cuando haya más confianza.
- Las quejas sobre las citas. Las historias de citas desastrosas y de chats interminables rara vez causan buena impresión.
Lo que sí está bien, e incluso ayuda, es contar a grandes rasgos qué buscas. “Me gustaría encontrar una relación estable” es una frase sincera que no presiona a nadie.
Cuando llega un silencio
Hay pausas en todas las citas, también en las buenas. Unos segundos de silencio se te hacen mucho más largos a ti que a la otra persona. Toma un sorbo de tu bebida, mira a tu alrededor y comenta algo que tengas cerca, o vuelve a un tema anterior: “Tu hermana vive en Valencia, ¿verdad? ¿Vas a verla a menudo?”.
La sinceridad también ayuda: “Te confieso que tengo un poco de nervios”. Mucha gente se relaja al oírlo, porque suele sentir lo mismo.
Señales de que la conversación va bien
- El tiempo pasa más rápido de lo que esperabas.
- También te hace preguntas y retoma lo que le cuentas.
- Hay risas compartidas por cualquier tontería.
- En algún momento sale un “tendríamos que…”: probar esa cafetería, ver esa película, ir a ese mercado.
Si la conversación fue un poco forzada, no tiene por qué significar nada. A mucha gente le juegan una mala pasada los nervios, y una segunda cita suele ser mucho más fácil que la primera.
Una buena conversación en una primera cita no es una actuación. Son dos personas que sienten curiosidad la una por la otra.
¿Todavía estás eligiendo el sitio? Echa un vistazo a nuestras ideas para una primera cita. Y cuando termine la cita, Después de la primera cita te ayudará con el siguiente paso.